Editorial de Pensadores

Pesaj: El destino de un pueblo.

Por Marcelo Birmajer, especial para SHA.

Sólo un quinto del pueblo de Israel abandonó el cautiverio en Egipto para salir a la libertad, al desierto, rumbo a la Tierra Prometida.

Pero ese quinto determinó el destino del Pueblo Judío. Lo que compartían quienes prefirieron la incertidumbre del desierto antes que la opresión del Faraón, no era una misma raíz étnica, sino un mismo deseo de libertad, de no adorar ídolos y de hacerse cargo de su propio destino. Nos narra la Torá que 600 mil almas escaparon de la tiranía del Faraón. Y los censos del siglo XX comprueban que eran 600 mil los judíos que habitaban la tierra de Israel cuando David Ben Gurión declaró la Independencia del primer Estado judío en 2000 años.

Como si el largo Éxodo comenzado en las afueras del Antiguo Egipto hubiera culminado sólo en 1948, con el mismo contingente que emprendió la odisea por el desierto, una de las más significativas de toda la historia humana, sin duda la más recordada y comentada. ¿Por qué solo un quinto eligió la libertad? Probablemente porque el resto prefería la certeza de lo conocido, aunque fuera el pan rancio, pero seguro, de la esclavitud. El pan que el amo dispensa al esclavo para garantizar su trabajo. Pero ese quinto que emprendió el camino que señalaba y guiaba Moisés, llegó al Monte Sinaí, recibió los Diez Mandamientos, y conquistó la primera soberanía hebrea en toda la historia, en la tierra de Israel. Se habían sumado, en Egipto y a lo largo del camino, mujeres y hombres de distintos colores, facciones y cabellos: pero compartían el anhelo de libertad, de ley y de Fe. A lo largo de la travesía de 40 años, muchas veces los ánimos desfallecieron, y una ingente proporción de peregrinos exigía el retorno a Egipto: allí al menos tenían algo de pan, agua, una sombra donde guarecerse.

Pero Moisés se mantuvo fiel a las tablas de su Ley, y guió hasta las fronteras de la Tierra Prometida a quienes atravesaron todas las penurias para cumplir sus convicciones. Ese quinto, hoy es la mayoría del Pueblo de Israel. En Israel viven más judíos que en cualquier diáspora del mundo; y la vida judía es allí más libre y próspera que en todo el resto de la historia hebrea. Los judíos de la diáspora, por nuestra parte, no nos identificamos con quienes permanecieron en Egipto, sino que tendemos lazos y manifestamos nuestro amor por el estado de Israel, colaborando en lo que podemos y formando un conjunto mancomunado con los israelíes. No volveremos al pasado. No hay programa más vigente que la libertad.

 



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