Entre lágrimas y festejos

Nota de Opinión del CIMO (escrita por Brian Frojmowicz) sobre Iom Hazikarón y Iom Haatzmaut

¿Cómo conciliar el dolor, la pena y la muerte con la felicidad, la vitalidad y la emoción en 24 horas? Ese es un ejercicio que año a año transita todo el pueblo de Israel y los judíos de la diáspora, al pasar de Yom Hazikaron a Yom Hatzmaut. Lo que era triste deviene en feliz, lo que era catástrofe termina en en el recuerdo de la utopía hecha realidad. A mi juicio es un reflejo de la historia de los iehudim en su conjunto: el pasaje de lo trágico a lo feliz; aquella esperanza de 2000 años que terminó en la construcción de Medinat Israel.

Como dice el dicho: “el Estado no nos fue dado en bandeja de plata”. Ahora bien, su existencia no ha sido fácil. El sentimiento de seguridad es algo que escasea en Israel. Fijémonos una gran paradoja que se da entre aquel 1948 y la actualidad. El 14 de mayo de 1948 la felicidad abrumó a los habitantes de lo que en su momento era el mandato británico y terminó siendo con las palabras de Ben Gurion, el Estado del pueblo judío. A su vez, la diáspora celebró su llegada. Mi bobe todavía recuerda la felicidad con la que se vivió en el colegio Tel Aviv la declaración de independencia. La felicidad fue efímera. Ejércitos que atacaron y vidas que se perdieron: 6000 vidas, 1% de la población de aquel momento. Por el contrario, ahora el pasaje es de la tristeza absoluta a la felicidad.
Nunca me animaría a decir que lo conseguido ha justificado el esfuerzo de aquellos que han perdido la vida. La última vez que estuve en Israel presencié el izcor diario que se hace en el Monte Hertzl en conmemoración de los caídos en cada fecha del año. Las familias acuden, las lágrimas cubren sus rostros y uno se siente impotente.

Lo que sí me hace pensar es que hay que estar orgullosos de nuestros jaialim. Sin ellos, sin su esfuerzo, el Estado sería un sueño sin presencia física, un recuerdo sin memoria. Desde 1948 Israel se enfrenta a desafíos terribles. Se dice mucho que ha prevalecido gracias al espíritu de Jutzpá (atreverse). No me parece correcto generalizar en una palabra, ya que cada vida que se perdió merece nuestro eterno recuerdo. Hombres y mujeres, laicos y ortodoxos, ashkenazim y sefaradim, en fin, Seres Humanos que luchan por la supervivencia de su identidad y del Estado que los representa.

En 2018 presencié este pasaje de la impotencia a la felicidad. Les aseguro que fue uno de los momentos más importantes de mi vida ya que tomé dimensión de aquello que había estudiado en la escuela y lo que había aprendido en la actividades en la Sede Sarmiento sobre Israel.

Ojalá llegase el día en que no tengamos que agregar más nombres a las listas de los muertos. Ahora bien, hasta que ese día llegue sabemos que nuestros jaialim darán sus mayores esfuerzos por defender la existencia del Estado judío frente a aquellos que, consideran, debe ser destruido.



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