El arte de la teshuvá

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Por Rabina Adina Allen

La teshuvá es la práctica fundamental de los Iamim Noraim. Traducido literalmente como “regreso”, teshuvá es un proceso para alejarnos de aquellas formas en las que fallamos para poder volver a tener una relación correcta con los demás, con lo Divino y con nosotros mismos.

Ya sea por descuido, egoísmo o pereza, la teshuvá nos desafía a admitir nuestras transgresiones, enmendar y decidir hacerlo mejor en el próximo año. Sin embargo, según el gran maestro jasídico, el rabino Kalonymous Kalman Shapira, la teshuvá es también una forma de creatividad. Más que un simple retorno a lo que ha sido, es un proceso de rehacernos de nuevo. ¿Pero cómo?

En lugar de alejarnos de nuestros errores, el potencial creativo de la teshuvá reside en volvernos hacia aquellos lugares en los que flaqueamos o fracasamos. En palabras del psicólogo David Richo, “escondido en todo lo negativo hay algo vivo y hermoso que quiere pertenecernos”.

Un poder y un potencial inmensos habitan en los lugares oscuros y no resueltos de nuestra alma. Porque sólo cuando nos permitimos encontrarnos cara a cara con estas partes menos deseables de nosotros mismos podemos comprender y desbloquear la vitalidad creativa contenida en ellas. De esta manera, emulamos el proceso creativo de lo Divino.

La práctica de hacer arte puede ayudarnos a conectarnos con estas partes salvajes e indómitas de nosotros mismos.

Comienza con un deseo, la llamada de lo que te atrae. Podría ser algo pequeño, el pigmento de un color, el tacto de cierto pincel. A partir de ahí, haz marcas en una página y mira adónde te llevará la siguiente marca. Cada momento, cada brazada, está guiado por cada deseo posterior. Y cada deseo es un llamado de la intuición, ese lugar más allá de la mente racional e intelectual, un lugar más antiguo que el tiempo y más allá de las palabras, la fuente de la creación. Podríamos llamarlo Dios. Puedes sentirlo cuando creas de esta manera, es tangible.

Esta forma de pintar parece sencilla, casi infantil. Sin embargo, la habilidad requerida es, en cierto modo, mucho más exigente que representar con precisión las dimensiones de una naturaleza muerta. Es la de abrirse a la intuición, a Dios, de seguir el camino hacia la luz del sol, los bosques oscuros y húmedos, los acantilados rocosos, las profundidades turbias del interior.

Puede resultar aterrador pensar a dónde podría llevarnos esta exploración creativa o qué encontraremos en nuestras turbulentas profundidades. No fuimos criados para ser exploradores de nuestra alma, para escuchar la voz del universo refractada a través de nosotros. Hemos sido condicionados a replicar una imagen de cómo pensamos (o nos han dicho) que deberían ser las pinturas de nuestras vidas.

Pero al optar por la seguridad, perdemos el lugar salvaje y fértil de todas las posibilidades: nuestra creatividad innata. Y sin esta conexión, la teshuvá se vuelve imposible.

Un hermoso Midrash sobre la creación del mundo transmite una discusión entre cierto filósofo y Rabban Gamliel, la principal autoridad rabínica de su tiempo. Reflexionando sobre los primeros versículos de la Torá, el filósofo comenta: “Tu Dios es en verdad un gran artista, ¡pero seguramente Dios encontró a mano materiales adecuados que fueron de ayuda en la creación!” Intrigado, Rabban Gamliel pregunta: “¿Cuáles son esos materiales?” El filósofo responde: “caos, vacío, oscuridad, agua, viento y profundidades” (Génesis Rabá 1:9).

Cuando la teshuvá nos lleva de regreso a los textos de nuestras vidas, nosotros también encontramos caos, vacío y oscuridad en nuestras profundidades. En lugar de alejarnos de nuestros fracasos humanos, la teshuvá nos llama hacia estos lugares internos complicados, aún no integrados. Las formas en que fallamos surgen de esos rincones oscuros y desconocidos de nosotros mismos, esos lugares de caos y vacío.

Pero es también en estos mismos lugares donde se esconde la paleta de nuestro propio artista. Como una pintura a medio terminar que anhela realizarse plenamente, la teshuvá es el trabajo de volver a comprometernos con todo lo que aún permanece desconocido y sin resolver para que pueda surgir una imagen más completa, más rica y más vibrante.

En los días de las Altas Fiestas, de nuevos comienzos, la teshuvá nos invita a regresar a nuestras profundidades para que podamos encontrar estos lugares de caos primordial en nuestro interior. Que tengamos el coraje de espíritu, la intrepidez de mente y la apertura de corazón para ver todo lo que allí encontramos como pigmentos en nuestra paleta, la materia prima para crearnos de nuevo.

https://www.myjewishlearning.com/article/the-art-of-teshuvah/

La rabina Adina Allen es una líder espiritual, escritora y educadora que cree en el poder de la creatividad para revitalizar nuestras vidas y transformar la tradición judía. Integrando una vida de experiencia en las artes expresivas con su formación rabínica, Adina ha enseñado a educadores y líderes laicos y religiosos en cientos de instituciones comunitarias judías en Estados Unidos. Adina fue ordenada en el programa de formación pluralista del Hebrew College en Boston en 2014

Mica Hersztenkraut maneja todas las comunicaciones de Hebraica.

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