Un clásico para volver a las raíces de la judeidad

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Por Ingrid Sarchman

Abram León, cuyo verdadero nombre era Abraham Wajnstock, fue asesinado en Auschwitz en 1944. Unos meses antes había sido apresado por la Gestapo en Bruselas y deportado a Polonia. Murió en las cámaras de gas del campo de exterminio. Había nacido en 1918 en Varsovia. Sus padres, de origen judío, emigraron a Palestina, volvieron a Polonia y en 1928 se mudaron a Bruselas. Siendo muy joven, formó parte del partido Comunista Revolucionario y en 1941 pasó a ser el secretario político de la división belga. No es casual que un año después publicara La cuestión judía, una interpretación marxista. El libro tenía dos objetivos conectados: si el primero pensaba las condiciones de posibilidad para que la revolución de 1917 pudiera extenderse a Europa occidental, el segundo ponía el foco en la historia del pueblo judío y su papel deseable en el proceso revolucionario al tiempo que intentaba iluminar las razones del antisemitismo en sus distintas facetas.

Fiel a su tradición marxista, León parte de la premisa materialista “no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia” para explicar la función que ha tenido el judaísmo en la historia de la humanidad, su papel económico y las razones del odio hacia ellos. En otras palabras, la ideología del odio no es más que el resultado de una concepción distorsionada, sostenida a lo largo de los distintos períodos y de diferente manera, sobre el rol que han tenido los judíos en cada organización social y económica.

El libro fue publicado después de su muerte, en 1946, en francés y traducido a varios idiomas, entre ellos el inglés y español. En la Argentina se editó, por primera vez, en 1953 y la traducción estuvo a cargo de David Etkin. A casi 70 años, la editorial Pathfinder volvió a publicarlo y el texto en español quedó a cargo de Martín Koppel.

Estos datos hacen de la versión actual un objeto específico. Como si fueran capas de cebolla, el texto original es precedido por tres textos breves que ubican a León en su contexto y en los dilemas relacionados con las sucesivas traducciones y adaptaciones. En 1942, el escrito era un hierro caliente que circulaba de manera urgente, una especie de panfleto que llamaba a la conciencia de clase y pasaje a la acción. Seis años después, terminada la Segunda Guerra Mundial y partido el mundo en dos grandes bloques, el texto tomaba otro sentido. Por eso, las versiones sucesivas intentaron ordenar el material, volverlo más prolijo, completarlo con imágenes y materiales extra. La versión actual incluye mapas explicativos y extensas notas al pie.

Los ocho capítulos que conforman la publicación original están cruzados por la misma idea: el odio antijudío solo puede explicarse desde el materialismo histórico. El método dialéctico, heredado de Marx y Engels, está anclado en las condiciones reales de existencia y por eso parte del “judío real, es decir, por el judío en su posición económica y social”. ¿Cómo han sido estas relaciones entre los judíos y los gentiles? ¿Qué acuerdos económicos y políticos se han llevado a cabo en cada época y qué papel ha cumplido la endogamia o la exogamia en cada caso? ¿Por qué y cómo se han dado los procesos de asimilación?

Los primeros capítulos se remontan a la época clásica. Más allá de las diferencias y los motivos del auge y caída de cada uno de estos imperios, León hace hincapié en el tipo de organización económica. Las sociedades antiguas no concebían el desarrollo ilimitado de sus economías. El modelo podría ser comprendido más como un círculo –virtuoso o vicioso según la perspectiva de análisis– que encuentra su límite a la acumulación de bienes. En ese contexto, los judíos gozaron de cierta protección por parte de las aristocracias terratenientes en la medida que cumplían funciones de mercaderes y prestamistas siempre y cuando el sistema no colapsara. Las grandes expulsiones de Europa, en el siglo XII de Francia y de España y Portugal tres siglos más tarde, dan cuenta de las crisis de estos modelos.

 

Podría suponerse que el viraje desde una economía de demanda, propia de la Edad Media, hacia una de oferta, más relacionada con el desarrollo de las sociedades industriales a partir del siglo XVIII, reformuló el rol del judío en las economías locales y globales. Sin embargo, León advierte que más allá de las especificidades propias del capitalismo, estos no han podido sustraerse del rol de chivo expiatorio de las economías en crisis. Si los primeros capítulos abordan las causas, los últimos hacen hincapié en las consecuencias, en especial porque están siendo escritos con el nazismo como telón de fondo. La noción marxista de ideología, como bruma que oculta las relaciones materiales, inviste al judío de una esencia corrupta y se convierte en el chivo expiatorio perfecto para explicar la crisis del sistema político y económico de mediados del siglo XX. La salida obvia, para él, será el socialismo porque implica la superación de las desigualdades mientras permite una apertura al mundo más allá de los nacionalismos.

Que los hechos hayan tomado otra dirección, no hace más que confirmar la tesis materialista sobre la que se sostiene el libro entero. Si, en palabras de Marx, la historia la hacen generaciones subidas a la espalda de otras generaciones en condiciones específicas, la lectura de este escrito es testimonio y diagnóstico de una época y un manifiesto en contra de cualquier determinismo.

Fuente: Revista Ñ/Ideas

Mica Hersztenkraut

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Mica Hersztenkraut maneja todas las comunicaciones de Hebraica.

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