Hubo una vez, hace mucho tiempo, una nación en esclavitud

05 2023-03-27

“En cada generación, cada año, cuenta la historia.”

Estamos a punto de empezar a festejar PESAJ, nos vestiremos de fiesta, comeremos, reiremos pero ante todo, agradeceremos que somos libres y recordaremos cómo logramos la tan preciada libertad. Es uno de los momentos más emocionantes del año y posiblemente el que más nos marca como pueblo.

Pero si no reflexionamos y nos preguntamos qué significado tiene, no estaríamos siguiendo nuestra tradición. Es por eso que quiero acercarles algunas reflexiones del Rabino Lord Jonathan Sack, posiblemente el más grande pensador, filósofo y baluarte del humanismo de las últimas décadas.

Cuenta la historia, dijo Moisés en el Libro del Éxodo. Cuando dejes la esclavitud y comiences el largo viaje a través del desierto hacia la libertad, cuenta la historia. Cuando llegues a la Tierra Prometida, cuenta la historia. En cada generación, cada año, cuenta la historia. Si quieres sobrevivir y lograr la inmortalidad como fe, cuenta la historia.

Fue más lejos. No te limites a contar la historia. Revívela. Represéntala como si acabara de suceder y estuviera fresca en tu memoria. Come matzá, el pan sin levadura de la aflicción, prueba el maror, las hierbas amargas de la esclavitud, y bebe cuatro copas de vino, una para cada etapa de liberación. No lo hagas en las sinagogas sino en tu casa, alrededor de la mesa, en presencia de tu familia. Sobre todo, enséñalo a tus hijos. Ayúdalos a ver tu historia como la de ellos. Deja que se sientan parte de ella. Empodéralos para que hagan preguntas. Involúcrate con ellos. Discute con ellos. Pero nunca dejes de contar la historia.

Eso es lo que los judíos de todo el mundo harán en Pesaj, que comienza hoy por la noche. Es el ritual religioso más antiguo practicado continuamente en el mundo, pero para mí nunca ha perdido su frescura. Entre mis primeros recuerdos están las noches en las que yo era el niño más pequeño, tomando mi turno para hacer las cuatro preguntas, comenzando “¿Por qué esta noche es diferente a las demás?”, sin la cual la historia no puede comenzar.

No fue sino hasta hace poco tiempo que entendí cuán poderoso es este ritual. Sucedió mientras miraba un documental sobre los templos construidos por el hombre que algunos eruditos identifican como el faraón del Éxodo, Ramsés II. Aún permanecen en pie, en Luxor, Karnak y Abu Simbel, asombrosos por su magnificencia, pero la civilización que los produjo se ha desvanecido. Impactado al reconocerlo, me di cuenta de que mis antepasados pudieron haber estado entre los esclavos que construyeron esos templos, hace 33 siglos. Los egipcios los llamaban apiru, extranjeros, forasteros. La palabra puede estar vinculada al nombre bíblico hebreo.

Un antiguo registro de lo que pensaban los egipcios de esta nación de esclavos sobrevive en la forma de la tabla de Merneptah, una losa de granito negro hoy en el museo de El Cairo. Grabado con jeroglíficos por Merneptah, el sucesor de Ramsés, tiene la primera referencia a los israelitas fuera de la Biblia: “Israel está devastado, su semilla ya no existe”. Es un aviso necrológico, afortunadamente mal comprendido.

El Antiguo Egipto y el Antiguo Israel fueron dos civilizaciones que hicieron la pregunta más fundamental que cualquier cultura puede hacer. ¿Cómo se mantendrá vivo todo aquello que hemos hecho? La respuesta de Ramsés fueron unos edificios monumentales que durarían más que las arenas del tiempo. La respuesta de Moisés fue diferente. Inscribe tus valores en el corazón de tus hijos, y ellos en el de ellos, a lo largo de las generaciones. Cuéntales la historia. Asegúrate de que se conviertan en parte de ésta. Hazlo todos los años en el aniversario del Éxodo. Aún lo hacemos, habiendo transcurrido ya la mitad de la historia de la civilización.

Las personas están preparadas para realizar un largo y arduo entrenamiento para ganarse el sustento, para llegar a ser doctores, abogados, terapeutas o economistas. El judaísmo nos pide realizar un entrenamiento igualmente largo y arduo para vivir: no ser solo un doctor, abogado, terapeuta o economista sino también un ser humano que es más grande que su rol específico. El motivo es que el judaísmo toma a la vida con seriedad absoluta y fundamental.

Los antiguos egipcios esclavizaron a toda una población para construir edificios monumentales, pirámides, templos y palacios reales. Vieron a los edificios como un fin y a las vidas humanas – las vidas de las masas trabajadoras – como medios para ese fin. Los judíos, guiados por Dios, creían lo opuesto. Los edificios son un medio para un fin. Lo que importa son las vidas. La vida es sagrada.

Los griegos produjeron grandes obras de arte. Los judíos creían que la vida misma es un arte. Así como un artista invierte tiempo en perfeccionarse en su oficio, así también nosotros invertimos tiempo en perfeccionar nuestras vidas. El antiguo Egipto y la antigua Grecia fueron grandes civilizaciones. Nos legaron obras maestras de la arquitectura y el arte. Pero ninguna valoraba la vida – nuestras vidas como individuos que poseen una dignidad inalienable- de la manera que los judíos y el judaísmo lo hacía.

El judaísmo es trabajo duro porque la libertad es trabajo duro. Pesaj es especialmente duro porque es la fiesta de la libertad. La libertad se pone en peligro por dos vías: el individualismo y el colectivismo. El colectivismo – culto del sistema, el Estado, la nación, la raza- ha producido las peores tiranías de la historia. Esto no solo era verdad en los días de Moisés. Fue verdad en el siglo veinte con el fascismo y el comunismo. Es verdad en muchos países hoy.

El individualismo representa el peligro opuesto. Cuando los individuos ponen la ganancia privada por encima del bien común, eventualmente la sociedad colapsa. Esto se cumplió con cada sociedad opulenta en la historia. Tiene una ráfaga momentánea de éxito y después entra en una decadencia larga o corta. Puedes decir de antemano cuándo una sociedad está a punto de comenzar su decadencia. Hay pérdida de confianza. Los líderes pierden estatura. Crecen las divisiones entre ricos y pobres. Falta solidaridad social. La gente gasta más y ahorra menos. Al enfocarse en el presente, ponen en peligro su futuro. Hay menos disciplina y más auto indulgencia, menos moralidad y más búsqueda del deseo. Las culturas envejecen de la misma manera que envejecen las personas, y comienzan a hacerlo cuando están en la cumbre misma de su poderío.

Una vez le pregunté al historiador no judío Paul Johnson – quien escribió una gran History of the Jews – qué era lo que más le había llamado la atención en los años que pasó estudiando a nuestro pueblo. Contestó que, para él, ninguna civilización en la historia había manejado tan bien como los judíos el balance entre la responsabilidad personal y colectiva – el camino que evita el colectivismo por un lado y el individualismo por el otro.

De eso se trata Pesaj. Es sobre mi experiencia personal de libertad: en Pesaj debemos vernos a nosotros mismos como si personalmente hubiéramos salido de Egipto. Pero también se trata de nuestra experiencia compartida de libertad cuando contamos la historia de nuestro pueblo y la transmitimos a las generaciones futuras. El judaísmo es sobre el ‘Yo’ y el ‘Nosotros’. Sin nuestra voluntad de incentivar preguntas, argumentar, debatir e interpretar de manera interminable los textos antiguos, perderíamos el ‘Yo’. Sin la Halajá, el código que nos une a todos nosotros a través de los siglos y continentes, hubiéramos perdido el ‘Nosotros’. Y sí, es un trabajo duro. Pero te digo desde el fondo de mi corazón que no hay logro que valga que no traiga aparejado trabajo duro.”

Con mucho placer les comparto nuestra Hagadá, para que todos puedan leer el relato de liberación de nuestro pueblo.

¡¡Jag a Pesaj Kosher Be Sameaj!!

 

Este artículo fue publicado en la edición online del diario argentino internacional Infobae. Pueden encontrar la publicación original en este link.

Jonathan Lemcovich es Presidente de la Comisión Directiva de la Sociedad Hebraica Argentina.

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