París, amor y ópera: el grupo Iajad viajó en el tiempo para los 100 años de Hebraica
En el marco de los festejos por el centenario de Hebraica, el grupo Iajad vivió una de esas noches que quedan grabadas en la memoria. No fue una simple salida cultural; fue un verdadero viaje en el tiempo y el espacio a través de «La Traviata», la célebre obra de Giuseppe Verdi. Con un elenco de lujo integrado por figuras del Teatro Colón —la soprano Roxana Horton (Violetta), el tenor Darío Sayegh (Alfredo) y el barítono Gabriel Rabinovich (Giorgio)—, acompañados por el talento del pianista Lionel Fisher, el salón se transformó por un rato en un gran teatro europeo.
La encargada de romper el hielo y llevarnos de la mano al París del siglo XIX fue Martha Wolff. Con una narración fresca y atrapante, nos metió de lleno en la época del Segundo Imperio Francés (década de 1850). Martha nos pintó el cuadro perfecto de una ciudad de contrastes brutales: el lujo desenfrenado de la élite frente a la miseria más absoluta; las cortesanas versus la prostitución por subsistencia; y la tuberculosis, esa enfermedad implacable que no distinguía clases sociales.
De la mugre medieval a la «Ciudad Luz»
Durante la velada, se recordó cómo el siglo XIX lo cambió todo. Fue la era de la Revolución Industrial, del nacimiento del movimiento obrero y del estallido del Realismo en el arte. Pero, sobre todo, fue el momento en que París dejó atrás sus callejones oscuros y medievales para convertirse en la «Ciudad Luz».
Por orden de Napoleón III, el Barón Haussmann tiró abajo medio París para armar esos bulevares anchos, arbolados y con balcones de hierro que hoy todos conocemos. El objetivo era que entraran el aire y la luz, uniendo la ciudad de punta a punta. Una transformación radical que después le abriría la puerta a la mítica Belle Époque, con su vida nocturna, sus cabarets y su vanguardia artística.
Mientras escuchábamos el relato, bastaba con cerrar los ojos un segundo para sentir que estábamos caminando al lado del Sena, con la Torre Eiffel de fondo.
Pasión, música y un brindis inolvidable
El plato fuerte llegó cuando la narradora conectó la historia con su origen: «La dama de las camelias», de Alejandro Dumas, el drama de Margarita Gautier, la joven cortesana que sacrifica su vida por amor y muere en la soledad absoluta.
A partir de ahí, la música tomó el control. Entre anécdotas y diálogos cómplices con el público, Darío Sayegh rompió el molde con el famosísimo brindis de la ópera, transportando a todos los presentes al salón de Violetta, donde se celebra la vida y el amor.
A lo largo de la noche, el trío de cantantes interpretó seis piezas clave de la obra, alternando solos, dúos y tríos con una calidad vocal impecable. El cierre fue a pura emoción, coronando una velada única donde el entusiasmo, la historia y la música de jerarquía demostraron que cien años de Hebraica se festejan con el alma.
